Negreira, un borrón según Engañé Sánchez
Juan Manuel Rodríguez
Entre tanto Kylian Engañé por aquí y Kylian Engañé por allá han pasado desapercibidas unas palabras del presidente del Gobierno, secretario general del PSOE y candidato a la reelección el próximo domingo, Pedro Sánchez Pérez Castejón o, como dice mi amigo Dieter Brandau y para resumir, Engañé Sánchez, al diario Marca a propósito del pago durante 17 años por parte del Fútbol Club Barcelona de 7’3 millones de euros al vicepresidente de los árbitros: "Ha sido un borrón", le dice Sánchez a Marca, "pero también es cierto que todo escribano, incluso el mejor de ellos, tiene un borrón". Un borrón. De modo que pagarle a la mano derecha del jefe de los árbitros durante 17 años es un borrón. Que el vicepresidente arbitral en activo, el que decidía los ascensos y los descensos y, por lo tanto, premiaba o castigaba a los colegiados, recibiera del Barcelona cerca de 8 millones de euros es un borrón.
Que esas cantidades de dinero no obedecieran a ningún trabajo real le parece al presidente del Gobierno que es un borrón. Que Negreira afirmase ante Hacienda que el club azulgrana le pagaba para asegurarse arbitrajes neutrales le parece a Sánchez un borrón. Que el hijo de Negreira, o sea Negreirita, fuera asesor o, como se dice ahora, coaching de árbitros que luego, curiosamente, tenían una meteórica carrera le parece a Sánchez Castejón un borrón. Para Sánchez supone el típico borrón que puede protagonizar cualquier escribano el que Negreirita acompañara a los colegiados que pitaban al Barça desde el hotel en el que se encontraban alojados hasta el Camp Nou. Es, según el presidente del Gobierno, un borrón que Negreira sacase importantes cantidades de dinero cuyo destino final imagino que siguen rastreando a estas horas tanto la policía como la guardia civil pero que aún está por determinar. Es un borrón también que Negreira premiase a sus colegiados con tarjetas rojas y amarillas personalizadas, cientos de monedas para sortear el campo, así como otros artículos como jamones, entradas para partidos de fútbol, palas de playa o sombrillas. Es, imagino, también para Sánchez un borrón el papel que jugó en toda esta trama un hombre importante del PSC, Albert Soler, quien fuera presidente del Consejo Superior de Deportes y secretario de Estado para el Deporte durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y que, curiosamente, desempeñó labores ejecutivas en el Fútbol Club Barcelona, el club pagador, como director de deportes profesionales. Un borrón.
Dice el presidente del Gobierno… ¿cómo era?... Dice Engañé Sánchez que no es un "experto en el apartado futbolístico". Pero, amigo mío, ¿qué tiene que ver con el fútbol el que un club pagara de forma continuada más de 7 millones de euros al vicepresidente arbitral por unos informes que, como descubrió Miguel Ángel Pérez para Libertad Digital, tenían dos páginas escritas con faltas de ortografía, diciendo obviedades que podría decir cualquiera y a las que sólo les faltaban manchones de café y las esquinas rotas? ¿Se puede ser más cutre? Dice Sánchez que mantiene, y abro comillas, "la total confianza en los árbitros". ¿Total? ¿Confianza total? ¿Confianza total cuando la mano derecha de Victoriano Sánchez Arminio estuvo cobrando y probablemente repartiendo cerca de 8 millones de euros durante más de tres lustros? Esto me recuerda a cuando otro secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, salió a defender en Lo País la inocencia del Barça por el fichaje de Neymar: "Es marca España", decía Cardenal. Será la marca de "tu" España, la marca del zorro. Miguel Cardenal que, por cierto, luego se incorporó a Mediapro, empresa de Jaume Roures, avalista del Barça, club al que elogiaba éste presidente del Consejo Superior de Deportes… ¡con Mariano Rajoy como presidente del Gobierno! Estamos rodeados. Otro borrón.