Todos
Bori entra en escena.
"Vamos, Elian, déjate de unicornios y de faunos. Estamos en la frontera de Rawlinswood…", dice, con una sonrisa amplia. "¡No me extrañaría ni ver aparecer a un fomoriano!"
De pronto, el día parece oscurecerse. Una nube espesa cubre el sol pensativo.
Manrique frunce el ceño.
"No nombres eso tan cerca del bosque, gnomo", advierte. "Hay cosas que tienen nombre… pero no deben ser nombradas."
Morvan da un paso al frente y mira a Bailey.
"¿Puedes comunicarte?", pregunta con calma. "Hija de Selûne."
Bailey permanece en silencio.
Algunos arqueros tensan los arcos, nerviosos, pero Morvan alza una mano y les hace un gesto breve. Las cuerdas se destensan.
"Habla ahora", continúa. "Dime qué te ha traído hasta aquí desde el bosque… O hasta él. Y, si me convence, dejaremos que te marches."
Morvan se inclina entonces hacia King y le apoya la mano sobre la cabeza.
El huargo lo acepta, aunque sus ojos siguen tensos, atentos.
"Capitán", dice sin apartar la mano, "encárguese de que lo atiendan. Ningún huargo será desatendido en esta hacienda… ni siquiera en ruinas."
Finalmente, Bailey habla. Solo en la cabeza de Morvan y de sus compañeros.
"Tengo una misión en ese bosque. Nos habéis ayudado, y os lo agradezco… pero no os conviene oponeros."
Hace una breve pausa.
"Otros más poderosos que vosotros lo intentaron antes. Ninguno salió bien parado."
Morvan se ríe y se junta con los suyos.