Aquí lo que pasa es que hay un choque de trenes. Primero la sociedad que queremos construir, donde cada uno quiera ser lo que desee, elegir tener familia o no, haciendo opciones igualmente válidads. Y eso está genial.
Por otro lado tenemos que esa sociedad se sustenta en un sistema económico que funciona como funciona. Aunque haber trabajado durante 37 años te dé derecho a una pensión, te dé derecho a sanidad o diversos servicios púnlicos la realidad es que el sistema económico funciona con la productividad de ese momento, los hijos de hoy, que serán los trabajadores del mañana, serán los que sostendrán los servicios públicos del mañana, aunque lo que estemos produciendo hoy como individuos nos dé el derecho a poder disfrutar de esos servicios futuros.
Sostener ese sistema con una visión de la sociedad donde la mitad de las personas no van a tener descendencia , y los que la tienen muchos de ellos se conforman con un hijo único, es imposible a menos que se compense con inmigración masiva. Es que si no no salen las cuentas, porque no puedes esperar que en 20 años se puedan pagar los servicios públicos con una masa productiva mucho más reducida que la actual, que ya de por sí es reducida respecto a las personas que no producen.
Efectivamente, de cara al sistema puro y duro, un trabajador que aporta descendencia y masa laboral para el futuro aporta mcuho más que el mismo trabajador que decide no tener hijos, pero eso es solo verlo desde un punto de vista funcional. Habrá que ver cómo encajamos esto con una realidad social donde no se puede marcar a la gente por decidir no tener hijos (o directamente querer y no poder tenerlos). Y no hay mucho margen de tiempo para solucionarlo, aunque el problema creamos que está lejos nos viene encima en nada.