El honor perdido de Katharina Blum de Heinrich Böll
¿Qué sucedería si la prototípica trama de novela negra a lo Raymond Chandler -con sus casualidades, intereses cruzados y femme fatale- fuese narrada por un periódico sensacionalista sin escrúpulos? Quizás a estas alturas lo que plantea Böll no parezca tan original ni subversivo como en su momento -en el contexto de una Alemania dividida y asediada por la amenaza del terrorismo de izquierdas- pero el subtexto de esta novela corta sigue siendo de una vigencia absoluta. Böll nos advierte, con mucho cinismo y mala leche, de los peligros de la manipulación periodística y de sus intereses políticos, siempre en connivencia con las instituciones de poder del estado.
Que los hechos pueden dar lugar a la elaboración y reelaboración de mil relatos diferentes no es algo que debería pillarnos por sorpresa a estas alturas, sin embargo la genialidad de lo que consigue Böll reside en poner de manifiesto la imposibilidad de los medios de comunicación y de las instituciones a la hora de construir un perfil psicológico y emocional verdadero de los sujetos y sus actividades, y por tanto de la falsedad subyacente del relato que a partir de ellos se construye. Katharina Blum es un personaje complejo y contradictorio -como lo somos todos- que sigue buscando su camino. Su complejidad humana, donde reside la verdad del caso, no parece interesar ni a la policía ni a los medios de comunicación, focalizados en encontrar respuestas donde lo blanco y lo negro sean claramente distinguibles, y por tanto fáciles de vender a los lectores y votantes. El alma humana, sin embargo, es un río infinito de grises en el que las causas y efectos de nuestras acciones son casi imposibles de medir. Nada es simple y banal en las acciones del ser humano, y ser conscientes de ello es una pequeña píldora de libertad que no debemos dejar que nos sea arrebatada.
Nela 1979 de Juan Trejo
Los más reprochable de este bello y triste libro es la insistencia del autor en intentar justificar su existencia. Los pasajes en los que Trejo nos habla de la necesidad de desterrar del olvido a su hermana fallecida y de la imposibilidad de encontrar la verdad de su existencia resultan un tanto rutinarios, caen demasiado en los tópicos de la autoficción y terminan por ser un poco redundantes. Es cuando el autor se deja llevar, libre de ataduras, por la narración pura de sus recuerdos y en la reconstrucción del rompecabezas del pasado de su familia que el libro se eleva henchido de emoción y verdad humana.
En sus mejores momentos Nela 1979 es un maravilloso estudio de personajes y de los mecanismos familiares en un país dividido por una brecha generacional imposible de gestionar; un momento de nuestra historia en el que los sueños y las esperanzas hacia el futuro chocaron irremediablemente con la necesidad de pasar página y escapar del pasado, perdiendo en el proceso tanto parte de lo que fuimos como de lo que podríamos haber llegado a ser. He reconocido a mis abuelos en este relato lleno de dolor de esa generación que construyó la España del futuro careciendo de las herramientas emocionales para gestionar el derrumbe de lo que hasta entonces había sido su mundo. Y me he emocionado con la vida de Nela, esa heroína anónima y olvidada, integrante de un malogrado ejército de soñadores a los que la cultura oficial ha borrado de nuestra historia en esa hecatombe sistemática de recuerdos.
Al final tan solo quedan las palabras, tan débiles y la vez tan necesarias, con las que reconstruir el pasado y rendir tributo a las personas que se perdieron por el camino en un intento de aprender que del olvido no puede nacer nada de valor.
M: La hora del destino de Antonio Scurati
Cuarta entrega de esta saga monumental y esencial de la literatura del siglo XXI. En este caso Scurati nos adentra en los decisivos años de la Segunda Guerra Mundial, la más cruenta y devastadora contienda que ha sufrido la humanidad.
Ya desde el primer capítulo, en el que Scurati narra la muerte de Italo Balbo en Tobruk ametrallado por las defensas antiaéreas italianas al confundir su aeroplano con el del enemigo, nos queda claro que esta va a ser la narración de una tragedia anunciada: la caída final e inevitable del gran castillo de naipes que fue el Fascismo. Esa vil y grandiosa obra de orfebrería maligna perpetrada por un Benito Mussolini con el que llevamos lidiando tres libros y más de dos décadas de Historia de Europa. Estadista y animal político sin escrúpulos, padre de la gran ideología del Todo y de la Nada: ese Fascismo que engendró a volantazos aprovechando su inefable olfato para captar el aroma de los tiempos y que en estas páginas se ha terminado convirtiendo en un hijo sediento de sangre ansioso por devorar al padre mediante una guerra convertida en Apocalipsis.
Resulta fascinante como Scurati nos describe a un Mussolini cansado y sonámbulo, incapaz de sobreponerse a los trágicos acontecimientos de una guerra que sabe perdida de antemano, arrastrado a las fauces del destino por una alianza nefasta con los Nazis y su delirante concepción totalitaria del mundo, con la que el Führer de los alemanes pretende llegar hasta las últimas consecuencias en su enloquecida y maníaca carrera hacia la destrucción total. El Duce, superado por unos acontecimientos que él mismo puso en marcha y que ahora nadie puede detener, se acaba convirtiendo en una sombra impotente y lamentable, y con él arrastra al pueblo italiano a la más triste de las tragedias: la de la huida hacia adelante en una espiral de muerte y destrucción en la que la Historia parece cobrarse al fin su triste y sombría venganza tras años de mentiras, palabras vacías, violencia y despotismo.
Scurati emplea de forma magistral un lenguaje de una épica fatalista para narrar las batallas pérdidas luchando de forma estéril en pos de la ridícula soberbia de unos pocos líderes dementes, en las que miles de hombres son sacrificados en el altar de la mediocridad y la ceguera de quienes ya solo desean ver el mundo arder. Es en estos pasajes, de una belleza desoladora, en los que el autor homenajea a todas las víctimas del fascismo: esa corriente infinita de almas llevadas al matadero de la Historia. Nos estremece el sinsentido de una guerra erigida alrededor de ideas tan abstractas y vacías de significado como raza, orgullo, patria u honor... y se nos hace un nudo en la garganta al constatar que tan solo hace falta un pequeño empujón para que la barbarie tome las riendas y el caos se apodere de todo lo que damos por sentado.
Una obra abrumadora que debería ser de obligada lectura, en la que Scurati es capaz de manejar decenas de personajes, tiempos y espacios con el objetivo de plasmar una radiografía infinitamente detallada de los mecanismos que llevaron al mundo al borde del abismo. El libro termina con la destitución del Duce tras el desembarco de los Aliados en suelo italiano. En la próxima y última entrega veremos el juicio final de la Historia, pero este cuarto libro es sin duda el momento culminante de la obra maestra de Antonio Scurati.
Ni siquiera los muertos de Juan Gómez Bárcena
Según los budistas la existencia de todo ser vivo se puede resumir en dos conceptos básicos: movimiento y sufrimiento. Gómez Bárcena parece haberse apoyado en esta tesis para gestar la novela que nos ocupa, una obra tan desasosegante y nihilista como finalmente liberadora, pues solo desde la consciencia de lo que somos podemos intentar encontrar nuestro camino.
Un camino que no es más que un viaje imposible hacia el fin del mundo y de la Historia en el que se embarca nuestro protagonista en búsqueda del indio Juan, una suerte de falso profeta al que la Corona de Castilla quiere parar los pies. Un viaje por el paisaje mítico y fantasmagórico de un México evocado y sugerido, tan polvoriento como inerte, un espacio literario y mítico en el que el trayecto no sólo abarca poblados abandonados y desiertos extenuantes sino también el propio Tiempo. Un viaje en el que recorreremos el Virreinato de la Nueva España, la Guerra de Independencia y la Revolución hasta llegar a la actualidad, la era de una poshistoria aniquilada y sin esperanza.
Pues si el viaje es el movimiento, el tiempo es sin duda el sufrimiento continuo de un pueblo primero saqueado, luego traicionado y finalmente abandonado a su suerte en los tristes y crueles paramos de la desolación capitalista. En su búsqueda del indio Juan nuestro protagonista se irá encontrando con todas las víctimas de un profeta convertido en opresor y renacido en revolucionario, para terminar encumbrado al otro lado de la Frontera por el Dios del dinero. Un recorrido por todo lo cruel y miserable de lo que somos y siempre hemos sido: animales enjaulados listos para devorarnos los unos a los otros. Pues en eso y poco más puede resumirse nuestro paso por este mundo inclemente.
Gómez Bárcena ha escrito un libro que ciertamente no es para todo el mundo: quienes rehúyan de mirar al abismo deben mantenerse alejados de él, pero entre quienes encontramos un poco de paz en la aceptación de nuestras miserias esta novela supone un sorbo de agua cristalina en medio del desierto. Lo más reprochable de ella sea quizás su negativa a intentar erigirse por encima de sus influencias -Conrad, Rulfo y Bolaño son las más evidentes- aunque al mismo tiempo esta falta de pretensiones puede que sea lo que la haga más digerible.