Bailey había pasado el tiempo reuniendo fuerzas, dejando que fueran los demás quienes investigaran. Tenían una visión de conjunto mayor que ella, que quizá sin darse cuenta, se... alejaba de ellos, en cierta medida, al transformarse. Quizá ellos se alejaran de ella también sin percatarse. En cualquier caso, el unicornio observaba en silencio, acompañado de su fiel huargo. King observaba lo que hacían los demás con todavía más atención, su curiosidad perruna templada por su nueva inteligencia, pero no mermada.
Al fin, ponerse en marcha camino al templo de Selûne es lo que la aviva un poco, aunque no por ninguna razón en particular. No están saliendo las cosas como a ella le gustaría...
... y menos cuando llegan al templo, y lo ven ardiendo.
Bailey acelera el paso, y King la sigue, orejas levantadas y alerta. Pero lo único que encuentra el unicornio al llegar es el cuerpo de Arhalyn, la sacerdotisa de Selûne.
La tristeza y la rabia pugnan por superarse la una a la otra mientras Bailey se acerca. No dice nada, ni hace falta que lo diga. Atenta a la condición del techo y del templo en general, se acerca a Arhalyn, sin saber muy bien qué va a hacer al llegar. Su forma de unicornio denota nerviosismo al acercarse con paso rápido, aunque sin llegar a trotar. A su parecer, ya está tocho hecho...