Rachel
Morvan se acerca a uno de los muebles del despacho, abre un cajón y extrae con cuidado una esfera metálica con espinas, del tamaño de una manzana pequeña. La hace girar entre los dedos con evidente familiaridad antes de acercarse a Rachel.
"Llamo a esto Semilla del Dolor ", dice, colocándola suavemente en su mano.
Señala una de las púas, hueca, casi imperceptible.
"Está pensada para abrir herida al impactar… y para llevar algo más dentro. Veneno, alquimia, cualquier sustancia que deseéis inocular. Así podéis hacerlo desde lejos, sin necesidad de exponeros."
Alza la vista hacia ella, con una sonrisa zalamera y peligrosamente carismática.
"Una pequeña manualidad personal", añade. "Me relaja fabricar este tipo de cosas."
Y entonces, sin perder la compostura, le guiña un ojo.
"Creo que sabréis darle un buen uso."